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Amilkar Jaldín - La Ley






Todavía hay luz cuando llegamos al límite. No importa qué camino se elija: todos empiezan donde termina la pampa y conducen al mismo sitio: la casa que está en el centro del círculo.

 

- Quién inventaría la ley, ¿no?

 

El de los platillos parece no haberme oído; tampoco el del bombo, que acomoda una vez más su instrumento y sigue caminando. Los otros dos, el de la cajita y el de los carajcajchaj, sólo me miran. Total -pienso- como saben que la ley no fue hecha para nosotros los músicos, qué importa.

 

Varias personas se mueven por ese disco plano y rojo que es la pampa. Tienen un destino común: la fiesta. Caminan apuradas; nadie quiere ser la última. Se tarda como una hora en llegar hasta la casa. Junto a la casa hay un charco del que sube un olor a cosa podrida. Algunos han llegado antes que nosotros; tienen que esperar nuestro ingreso, antes de entrar.

 

Como siempre, la puerta está-cerrada; un empujón suave y . . . cede. Sixto, el del bombo, es el primero en buscar asiento. El cojo y la tuerta, que están preparando refresco en una tinaja, no se dignan mirarnos. Tras los primeros compases de mi flauta, los otros me siguen. Poco a poco, la casa se va llenando de gente; el que llega empuja la puerta, pasa, y la cierra. Los dueños de casa, el cojo y la tuerta, esperan. Los invitados entregan a la mujer los regalos que han traído. El cojo, sirve que te sirve, distribuye los vasos de refresco. Bebemos con avidez, pese a que sabemos que el refresco está hecho con agua del charco.

 

Los que llegan tarde, no bien entran, se detienen a ver quién es el que falta, y cuando comprueban que todavía no han llegado todos, que no son los últimos, y que están, al menos por esta noche, salvos de la ley, suspiran con alivio y toman su refresco.

 

-Para que no le pase eso a mi hijo, voy a hacer con él lo mismo que hizo mi padre conmigo: Lo meto de músico-  Comenta el de los platillos.

 

El cojo y la tuerta se ríen. Don Belisario, que acaba de llegar, pide que le den otra oportunidad.

 

-No era mi intención llegar de último. Yo siempre he sido el…

 

Ahora reímos todos. Reímos porque sabemos que todavía falta uno, don Seferino, el que cría patos, que llega en ese momento. Se da cuenta, en el acto, de que es el último.  Explica a gritos que no tiene la culpa, que los patos que trae de regalo se le escaparon y tuvo que perseguirlos por la pampa. Silencio total.  La tuerta agarra los patos. El cojo lo palmea en los hombros.

 

-Tómese su refresquito, don.

 

Ahora don Seferino debe bailar. Está a punto de desplomarse, pero la vieja lo obliga a mantenerse de pie y a seguir el ritmo de la música: "Vuela la paloma, vuela de su nido…", que el tuerto toca en mi flauta. Pasa lo mismo todas las noches.

 

Cuando la pareja concluye su baile, el viejo me devuelve la flauta. Debo seguir tocando, hasta el amanecer, hasta que el cojo diga:

 

-        ¡Se acabó el refresco, señores!

 

Y sepamos que es hora de irse. El último en llegar debe ser el primero en irse. Esta madrugada, don Seferino.

 

-        ¡No, por favor! -Llora el viejo.

 

Pero la ley es la ley. Don Seferino es empujado hacia la puerta.  El cojo le da el empujón final. Todos, invitados y músicos, observamos por las rendijas.  Don Sefe golpea la puerta y suplica que le abran. Su voz se va apagando. Ahora lo\vemos caminar hacía el charco y desaparece.

 

-Los espero esta noche. -Dice la mujer y abre la puerta.

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"La Ley" Forma parte de Taller del Cuento Nuevo, dirigido por Jorge Suárez. Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche, 1986, Santa Cruz, Bolivia.

Amilkar Jaldín nace en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia en 1956, es narrador, poeta y Comunicador Social. Sus trabajos han sido publicados en diversas antologías tales como “Antología provisional” recopilada por Antonio Rojas, en 1986; forma parte del “Taller del Cuento Nuevo” en el que publica los cuentos: Sobre sus huellas, La ley, Tío Fermín y Cuarto creciente. Asimismo, participa en las antologías “Cuentos bolivianos” recopilación de Raquel Montenegro, año 1996; “Había una vez”, colección de relatos de la Sociedad Cruceña de Escritores, de 1997. Actualmente es miembro del Taller “Llamarada verde” dirigido por el poeta Gabriel Chávez Casazola. Su reciente publicación es el hermoso poemario Llave de Agua, 2017

 

 

 

 

 


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