Anoche tuve un sueño. Fue un privilegio. Soñé una historia escrita por las estrellas. Fue bonito y se los quiero contar. Imaginé que inventaba ciudades. Clara y Natalia me pidieron que me asomara a la ventana y me preguntaron qué veía. -Nada -dije. - ¡Cómo que nada! -me respondieron al unísono. Como son las transposiciones de caprichosas, ambas desaparecieron mágicamente sin que yo tuviera tiempo de alegar nada a mi favor. Quedé sola, con la mirada perdida en ese paisaje tenue. Intenté descubrir lo que mis ojos no habían visto o no querían ver. Pensé que era preciso hacer esta incursión con los sentidos. Y mientras eso sucedía me dejé llevar como si realmente así fuera. Entonces pude vestir mi invento con palabras. Llené las ausencias con ellas. Cerré los ojos para ver mejor. De inmediato mis sentidos me devolvieron los rumores esenciales de la vida: agua, fuego, lluvia, ríos, mares, sol, bosques, frío, hombres, mujeres, niños niñas… Transité entre la nostalgia y la ...
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