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Germán Araúz Crespo - Nocturno

 


El ajetreo diario ha terminado. El patio, libre ya del multicolor tendal de ropa, se viste de sombras. Las luces de las habitaciones que se hacinan en su contorno se encienden paulatinamente. La vieja casa, construida al final de la calle, junto al cerro, tiene ahora la inmóvil apariencia de un monstruo multicéfalo que acecha desde oscuridad.

 

Al filo de la medianoche, las luces, una tras otra, comienzan a apagarse. Sólo queda alguna ventana que bosteza ante la parpadeante vitalidad de una pantalla de televisor. Es el momento en que la luna, clavada en mitad del cielo, tiende sobre el patio un cendal azul. Tiemblan las estrellas cuando se siente el chirrido de un gozne. Del hueco de una puerta, cubriéndose la espalda con un chal de lana, emerge una mujer. Observa cuidadosamente a su alrededor y cruza el patio. Lo hace con pasitos cortos y ligeros. Llega hasta otra puerta, situada en la parte de atrás del edificio. Golpea con suavidad. Se enciende una luz y la puerta se abre, como atraída por el resplandor.  Entra.

 

Se escucha el ruido de un motor que sube por la calle. Es un jeep, un Toyota verde, que se ha detenido frente al portón. Desciende del jeep un hombre. Pequeño, delgado, viste una chamarra de cuero que oculta a medias una metralleta. Se escuchan voces. Voces y risas. Parte el Toyota, da vuelta la esquina y desaparece. El hombre bosteza, mira los postes del alumbrado, que ascienden por los cerros en múltiples procesiones, abre el portón. Ahora se lo ve atravesar el patio y abrir la primera puerta. Enciende, desde dentro, la luz.

 

Permanece, encendida esa luz.

 

La luna, que se ha emboscado en un nubarrón, proyecta nuevos motivos sobre el empedrado del patio. Se abre entonces la segunda puerta y reaparece la mujer. Se percata de que la luz de su cuarto está encendida. Cubre su cabeza con el chal de lana y repite, en sentido contrario, el trayecto anterior. Antes de abrir la puerta, baja el chal a sus espaldas, se arregla el pelo y alisa su camisón. Luego abre, lenta y temerosamente.

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