"La Muela del Diablo", así se llama ese lugar donde
el camino que une Boyuibe y Camiri corta el Aguaragüe. ¿y quién sino Cruz Durán
es el causante de ese nombre? Todo empezó la noche en que la Muerte convenció
al Diablo para ir de farra con Cruz Durán. Los tres estaban en una cantina de
Boyuibe con las copas ya subiditas, y no hubiera pasado nada si al Diablo no se
le ocurre decir que era el mejor jinete del Chaco. Cruz le salió al frente:
"Yo nací cabalgando y no hay ni cristiano ni cualquier cosa que se mueva
que sea mejor jinete que yo". Lo de "cosa que se mueve" le cayó
muy mal al Diablo y la Muerte intervino para que no se agarraran a trompadas.
Los invitó, en cambio, a dirimir el pleito sobre el lomo de sus caballos.
Silbó el Diablo y una manada de caballos, resoplido cimarrón
horadando el viento, irrumpió en el baldío. Sujetó al más negro y se acercó a
Cruz Durán para que lo montara. Cruz Durán rechazó el ofrecimiento.
-Cada
jinete monta en su caballo.
-El que
es bueno de verdad monta en cualquiera.
-El
chaqueño no cambia de caballo como cambia de hembra.
Dicho esto, Cruz Durán montó su caballo, El Diablo hizo lo propio.
-Ahora que están bien montados, -intervino la Muerte-, les
quiero advertir algo: nada de trampas. Especialmente vos, Lucifer. Si hay
carrera, será a las buenas.
Y dispuso la Muerte que el ganador de la
carrera debía probar su victoria recogiendo y tocando una flauta de hueso que
estaba sobre una cruz clavada más allá de la laguna de Camatindi.
-El que me traiga esa flauta, regalo de un indio inventor de
tonadas teñidas de nostalgia, habrá ganado la carrera.
El Diablo no pudo ocultar el disgusto que le causó la
proposición de la Muerte.
-En estas condiciones no corro. —Dijo.
-Ya sé que vos, Luci, les tenés alergia a las cruces, pero
andá tranquilo, porque a esa cruz le falta un brazo.
Y dio la señal de partida.
Torrente de crines que orillaba la luz, el
viento, para dejarlos pasar, se abrió en avenida. Luna y noche se empujaban
disputándose un sitio para mirar la carrera. El camino pestañeaba de luces a
sombras. El Diablo se rio para sus adentros porque aquello lo favorecía, pero
Cruz no se amilanó y mantuvo firme la rienda de su caballo, creyendo que ese
parpadear era producto de los tragos. La carrera fue pareja hasta que llegaron
al lugar donde estaba la cruz. Entonces, ambos sofrenaron sus caballos. Cruz
Durán, en vez de bajarse pisando el estribo, se tiró desde el apero al suelo
donde estaba la cruz. El Diablo, adivinándolo, hizo lo mismo, pero la mano de
Cruz ya se había aferrado a la flauta. Y con lo que hizo después, supliendo con
la flauta el brazo que le faltaba a la cruz, espantó al Diablo, que retrocedió
como cegado por una luz invisible y se tapó la cara con su poncho. Cruz Durán
montó y empezó la vuelta, seguido por el Diablo a un cuerpo de distancia. A
medida que avanzaban, el Diablo se dio cuenta que no alcanzaría a Cruz Durán.
Decidió entonces borrarle el camino y hacerlo correr sobre la laguna de
Camatindi, que apareció debajo de las patas del pingo de su competidor. Para el
caballo, todo seguía igual. Cruz Durán, aunque estuvo a punto de perder el
equilibrio por lo que le parecía ver, se aferró a crines y riendas y continuó
la carrera. Más allá de la laguna, apareció nuevamente el camino que se abrió
en profunda grieta. Cruz Durán creyó que se hundiría, pero no sucedió nada. Se
prometió no tomar tanto trago. Siguió prendido a su caballo y llegó primero a
la meta.
-Bueno Mandi, parece que los chaqueños saben más de caballos
que el mismo Diablo y esto me hace sentir orgulloso, porque me llevo mucha
gente de estos pagos. -Dijo la Muerte.
Pero entonces el Diablo alegó que, si bien
Cruz Durán llegó primero, la carrera no terminaba allí, pues había que hacer
sonar la flauta, como lo acordaron antes. Cruz Durán se llevó la flauta a la boca,
pero le fue imposible sacarle sonido alguno. El Diablo se regocijaba. Después
de mucho intentarlo, Cruz Durán se dio cuenta que no conseguiría nada. Entonces
el Diablo dijo que la carrera tendría que ser declarada empate, pues si bien
Cruz Durán trajo la flauta, "yo traje el sonido". Y diciendo esto se
llevó las manos a la altura de la boca, como agarrando una flauta imaginaria, y
tocó una melodía de ritmo candente.
-Te aclaré, antes de la carrera, -Dijo la Muerte, que no
quería trampas. Así que regresá el sonido de donde lo sacaste.
El Diablo hizo lo que la muerte le ordenó y
devolvió el sonido a la flauta. Pero la cosa no terminó allí, siguieron
bebiendo. El Diablo resentido, se esforzaba en provocar a Cruz Durán.
-Son los caballos los que tienen el mérito en cualquier
carrera que se gane.
Siguieron los
entredichos hasta, que se hizo necesario definir la cuestión a puños, cosa a la
que la Muerte no se opuso, aunque le advirtió al Diablo que tenía que competir
como cualquier simple mortal, sin trucos. El Diablo dijo que, de cualquier
forma, era demasiado Diablo para Cruz Durán. Y en cuanto salieron al camino que
va de Boyuibe a Camiri, se le fue al humo y le encajó a Cruz Durán un derechazo
cruzado a la mandíbula. Cruz Durán cayó a un kilómetro del pueblo y, aunque
aturdido pudo frenar al Diablo, cuando ya se le venía encima, con una patada en
el estómago. Para evitar su caída, el Diablo se abrazó a Cruz Durán y rodaron
ambos, montaña abajo, limpiando de cardos y guijarros la falda del cerro. Al
llegar a la planicie, se pusieron de pie. El Diablo, más rápido, levantó de un
gancho a Cruz Durán, que vio las estrellas a su alrededor y cayó al otro lado
del cerro. Así, a golpes, se fueron acercando a Itiyuro. El Diablo creyó haber
ganado la pelea y levantó los brazos. Cruz Durán aprovechó la oportunidad y le
encajó una patada en los huevos, mientras le decía: ¡Para el uso que les das,
maricón! El Diablo se dobló de dolor, circunstancia que le sirvió a Cruz Durán
para darle un rodillazo en plena quijada y arrancarle una muela. Furioso el
Diablo, se levantó y escupió la muela. Voló la muela, se clavó en el Aguaragüe,
donde usted puede verla, en el camino que une Boyuibe con Camiri.
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