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Vicky León H. - Los Colonizadores


     Imaginar, qué más me queda. Cuando se ha perdido, todo, sólo nos queda eso: pensar. Desde este tronco donde estoy sentada, frente a la inundación, imaginar que soy Juan y abrazo a Wilma q e está en la puerta de la casa contemplando el maizal.

-Este año, Wilma, tendremos buena cosecha.

-Sí, Juan, tendremos buena cosecha.

Y abrazo a Wilma.

 

  

Ahora pienso en Rita, dando sus primeros pasos. Camina y después corre, corre... Tropieza y cae en el pozo. Soy Juan y trato de consolar a Wilma que está sentada en la cama, llorando por Rita.

-Tú no tienes la culpa, Wilma.

-No, Juan, la culpa es mía. Yo te pedí que hiciéramos arreglar el techo, que el pozo podía esperar porque los ladrillos estaban caros.

-Debíamos haber rodeado el pozo con estacas.

-Sí, Juan, eso debíamos haber hecho.

  

 

Juan ha traído una carretada de motacú y está arreglando el techo. Baja del techo y dice:

-Ahora puede llover todo lo que quiera.

Pero yo sigo pensando en Rita. Juan me toma de los hombros y me pregunta si es cierto que estoy esperando un niño. Y cuando le digo que sí, que es cierto, ríe y me lleva a la puerta de la casa.

Soy Juan y abrazo a Wilma.

-Este año, Wilma, tendremos buena cosecha.

-Sí, Juan.

Juan levanta al niño y dice que se me parece. Yo le digo que es igual a él.

-A ti.

-A ti.

Soy Juan y digo que el niño se parece a Wilma. Soy Wilma y digo que el niño se parece a Juan.

 

 

Llueve.

Llueve.

-Wilma, está lloviendo otra vez.

-Sí, Juan, está lloviendo.

-Hicimos bien en arreglar el techo.

-Sí, Juan, hicimos bien.

Escampa.

Llueve otra vez.

-Si sale el sol podrán salvarse algunos choclos,

-Sí, Wilma.

Llueve y empieza a gotear dentro la choza.

 

 

Brama el río.

-Juan, nunca ha sonado así el río.

-Sí, Wilma, nunca ha sonado así.

Y Juan sale a mirar. El agua me llega a los tobillos y busco un

plástico para tapar al niño. Soy Juan que abre la puerta y grita:

          - ¡Wilma, el río se ha desbordado! Y entra el río en la casa.

 

 

Imaginar, qué más me queda. De nada sirve ahora contemplar el paisaje. Soy Juan que levanto al niño y trato de avanzar en medio del agua. Crece el oleaje, y me hundo con el niño.

- ¡Wilma!

- ¡Juan!

Imaginar y aguardar, sentada en este tronco, que el agua baje. A lo lejos, sobre la superficie gris, se ven algunos techos. Parecen navegar las copas de los árboles.

 

Baja el agua, por fin, y se abre el cielo. Soy Juan y pienso en Wilma. Soy Wilma y pienso en Juan. Es lo mismo. Juan o Wilma. Es todo lo que me queda: imaginar... Pero hay alguien que viene hacia mí. Levanta los brazos, porque me ha visto. Ahora corre.

- ¡Wilma! ¡Wilma!

- ¡Juan!

Y vuelvo entonces a ser Wilma. Porque Juan ha vuelto. Y Juan es Juan. 

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