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Eduardo Kunstek Montaño - Selección de poemas a cuatro años de su partida.

 

Presentación

La pasión de Eduardo fue siempre la poesía, soy testigo con más de 40 años de vida compartida, acompañando sus silencios y sus escritos. Los caminos de la vida no lo llevaron a la poesía, la poesía se abrió caminos hacia él, como una ley de atracción inquebrantable.

Eduardo fue un amante de la naturaleza, escribía desde lo cotidiano. Siempre fue auténtico y contestatario, su palabra era honesta, directa fiel a sí misma y eso es lo que lo mantiene presente en quienes lo conocimos, y amamos. 

Hoy tengo la dicha de ver reflejada su mirada y su sensibilidad en mis hijos/hijas, nietos/nietas, empedernidos lectores, forjando su propio camino en la escritura, en la pintura, en el arte, ese es su legado, lo que llevaba en su corazón

Berny Salinas de Kunstek 

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El recurso del fuego

Este sueño que nace en la mañana

una calle que se ofrece silenciosa

de domingo de puertas cerradas

ecos de mis pasos, trinos en los aleros

perdido en el solo de mi sombra.


Vivir de fuego

Ando por mis pasos...

         su sonido      resuena

en el espejo y mi noche

se extingue en el reflejo

de tus ojos

            por siempre ajenos

al unir mi brasa a tu cuerpo

la palabra

         se consume como mirra

y empeña el predio de los dioses

ando por tus llamas…a mi paso

tu nombre crepita mis canciones.

   Auto retrato

 Yo soy la figura del pequeño que creció

  los flujos que me recorren son también la forma

  y hay   un espacio inmenso cuya materia está perdida

  tiempo   sobre tiempo como fruta que palpita

  su redondez en otra estación

                                            la memoria la saborea

  una calle de domingo bajo el sol que se hizo mía 

  también la montaña que me limita en su

                                              geografía

  el frugal pan de la infancia compartido

  melodiosas migas que resuenan insensatez

                                           en mis pasos

en un rincón entre ausencias y repeticiones 

las palabras recrean el sueño y me desvelan

Altiplano

 Luces que nacen del frío

cuando termina la noche

se juegan dueñas de la pampa

y lejos del sueño la distancia

es el otro sueño sombrío

donde mi vista se pierde sin reproche

brisas y luces el juego de la pampa

simulan bajo su espacio y la transparencia

un triste tiempo o un virtual silencio

en el concierto de lo inmenso confundido.

La vida de resinas y castaños opacados

de briosos brotes con inciertos pastos

que aúnan en racimos lana espesa

y cautelosos ojos de graciables auquénidos.

La vida de talones agrietados

de pensamientos íntimos y de canciones.

A la distancia las montañas

donde habitan los dioses.

          

                *


A un poeta no se le hiere

- es preferible matarlo-

pues de la llaga podrían salir palabras

más dulces de lo mismo que significan

verbigracia, narguile, remolacha.

Tampoco un poeta miente pues su palabra

es la anti-mentira

verbigracia: Un poeta no muere

se resquebraja como hoja seca para ser música

se impacienta y se abraza a la muerte

frente al brillo de unos ojos que la propician

el fulgor de unos ojos como los tuyos.

                               **

Usted que recrea con sus ojos mi garganta

resbalar de palabra tras palabra

que lloró con los ojos de Homero

y se quemó el cerebro en un mistral de Arles

usted que se juega el mal por el mal

amante del sexo por el sexo

peregrino de la vida por la vida

poema de cristal de luna no es su locura

sino el sentimiento que es la memoria

de su sangre que jamás supo de historia

 

Edición el Duende publicado en 1989

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 Vindicación de la Cigarra

      Alude una historia mi torpeza.

Sostener invitado por

el tiempo

un templo para todos

un tiempo.

Llena al verano mi canto

sobre la rama húmeda,

no soy yo, nos es la lira,

yo también soy el bosque.

 

En el aire mi voz

vecinos habitan los colores

meciendo su existencia

con la brisa

nave plena de rumores.

 

Madura mi ritmo como fruto

mezclando sol y lluvia.

Tiemblo con una gota de rocío

velo el himeneo de la flor.

Llego a profundas galerías

arrullo el alimento

que duerme el sueño de la ira.

 

Con grito de pájaros

unidos a la catarata

empeñada en lavar un recuerdo

Sostengo al áspero verso

de follaje sobre viento

sostengo

al esplendor en agonía.

 

Para toda una caricia

eco de árbol

y muralla deteniendo al

silencio

que todo lo alcanza.

 

Guardo la superficie de las aguas

a la espera de Narciso.

Habito al musgo……él guarda

a la araña

quien me tiene presa

soy de mi sacrificio

la sirena


Pertenezco al presente

bosque extendido

indeciso aleteo de mariposa.

 

Aparté de su núbil mirada

la medida del tiempo y la razón

la volví al bosque….

la recuperaron y dijo:

aquí estuvo siempre

la consolaron con la nostalgia

pues de nadie se sabe

si alguna vez al menos

no haya sido el verano.

Publicación año 1990

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De la órbita final
Fragmentos Selectos


Bosque lluvioso

Me hubieras dejado entrar a tu tejido

así acomodarme entre helechos y miasmas

tan cerca de la aparición de la vida...

carcomiendo a los caminos imperiales

los hilos de las arañas renunciando a la aridez

besando al rocío con esa sed

en esta leve inmensidad.

 

Toborochi

 

Rebelde al letargo de otoño

sorpresa desde los bosques encantados

florece más allá de sus espinas.

A la lejanía del sol su pincelazo desafía

regalado de color como en un poema

de Khayyan escrito sobre papel de vino                                   

sobre otoño como otra alegría

postreras arrugas acicaladas 

por el tentáculo absoluto de las espinas

respira el toborochi a la selva herida

al concierto de la melancolía.

 

Los puentes


No son los puentes espacios sosegados,

indiferentes al acontecer de los elementos

no siempre fueron puentes

hubo tribulaciones insalvables

ah los oficiales pedían culpa y arrepentimiento

como hoy piden jubileo, ya no hay tantos circos

la rutina diaria es hoy el espectáculo

todos son el hombre que ríe,

hoy sobre los puentes las carcajadas

condenan la tristeza y se reniega la pena

farándula de admirable prodigio,

solo al hacer un alto sobre el puente

oirás el lamento de las aguas hacia la mar

y te estremecerán las impasibles estrellas

cómo no reclamar la magia última

cuando sin pena ni gloria

el tiempo duerme descuidando

su implacable correr.... ¿no te lo dije entonces?

no siempre hubo puentes

también entonces se sentía un siempre

sobre las aguas con su fulgor la espuma de la furia.

 

La llamada


¿En qué cara de la hoja de la puerta se escribe;
sobre  la desafiante de afuera con aldaba
o en la cara oscura con seguro candado?
tengo un cuento chino y una canción de Bob Dylan
un lápiz y un ramo de retamas seco colgado 
ninguno preserva la superioridad del ofensor 
por fuera misionales de la palabra revelada 
golpean su ansiedad sobre la aldaba 
para derribar la intimidad y contagiar 
su angustiada salvación 
por dentro con el lápiz dibujo 
mi  resistencia, íntimo en la pureza de mi soledad
insiste el golpeteo  tocando con sed de fieles
un eco celoso presume  soliloquio.

Elegía al coleccionista de estampillas

 

Que ambición curiosa volcó tus días
en su afán a trocarlos por pinzas,
a escudriñar los dientes y constatar
receloso el origen e identidad                                                              

en eruditos catálogos de estampillas.

Que temprana mañana 
robaron tus jardines
para lanzarte a la aventura 
de una lupa sobre el ojo
con aire de atesorar
una carta de amor en cada sello
con la seriedad en la despedida 
entregada por un suicida
en la oficina postal.

Coleccionar Pasado, 
que afán recordar los días
que fueron, recorriendo los álbumes 
de intimidades desordenadas
por países, códigos y carteros
preservar de las palabras 
el coste del periplo
una constancia de despacho
para historias ignorando el tenor
de dolores y alegrías.


Editorial Colección Trilce Cuadernos de Poesía 2018

 

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Antología Súbita 15 poetas de Bolivia






Ilustraciones: Andrea Kunstek Salinas 

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El signo y la mudez

                      I

Piedra Inmóvil como signo

bajo el escollo erigida

la luz un recuerdo

 

                    II

La agonía en olvido lleva

hacia un azul de océano

– al fin del mundo –

la nada desleída con la memoria.

 

Senda con sombras

 

Cuando la luna deja caer su luz

sobre la soledad de algún sendero,

llena la senda de sueños robados.

 

Junto a los pasos marca un capricho

para el caminante y para la arboleda;

así la travesía es una metamorfosis

generosa abrazando a su luz

en cuyo espejo relata a los fantasmas

ocultos entre las vigilias.

 

Esos atormentados en los sueños,

ahora sosegados entre las sombras

caminando junto a ti hasta el fin

te acompañan también las estrellas

Envés de la celosía

La ausencia agota a los sucesos

el polvo se asienta sobre la celosía

a veces un aroma a tierra mojada,

una bandada de guacamayos

redoblando gritos pulsados,

para vulnerar codiciosos a la celosía

no saben que los días acontecen a espaldas

inclinados al mármol, las letras

de lapislázuli, sobre manceba sepia

recoletos intentos de copiar al mundo

a presagios de incienso redimido

soñado el primer aguacero de primavera

para abrir las hojas de la celosía

brisa libre de polvo y de consignas

museos y sarcófagos en ruinas

ocultas bajo salvajes florescencias

primordiales y sin memoria.

 

En cada gota germinan las mejillas

de su perdido rostro tras la bruma

del bosque de yungas agitando

la memoria en las cansinas horas

de la caligrafía en trazó de su recuerdo.

 

Edición y producción Editorial 3600 (2024)

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