Ivette Durán Calederón - Murasaki Shikibu: La mujer que escribió una novela mil años antes que Cervantes
En la corte imperial del Japón Heian, una mujer
convirtió el amor, el poder, los celos, la pérdida y la fragilidad humana en
una obra que todavía hoy es considerada la primera novela del mundo.
//"Las flores caen, aunque las amemos; y las
cosas que hoy son bellas, mañana serán polvo.
Así es este mundo: un sueño, una sombra, una
espuma."//
Hace aproximadamente mil años, en el Japón de la época
Heian, una mujer perteneciente a la aristocracia cortesana escribió una obra
que atravesaría los siglos y llegaría hasta nosotros como uno de los monumentos
de la literatura universal: Genji Monogatari, conocido en español como La
historia de Genji o El relato de Genji.
Un nombre perdido en el tiempo. Su autora es conocida
como Murasaki Shikibu, aunque ese no era, estrictamente, su nombre personal.
Como ocurrió con muchas mujeres de la corte japonesa de aquel período, su
verdadero nombre no se ha establecido con certeza. Las fuentes sitúan su
nacimiento aproximadamente entre 970 y 978 y su muerte alrededor de 1014-1025,
según las distintas reconstrucciones biográficas. La Biblioteca del Congreso de
Estados Unidos utiliza, con cautela, la fecha de nacimiento «978¿?».
Su importancia es extraordinaria: Murasaki Shikibu es
ampliamente considerada la primera mujer que escribió una novela y La historia
de Genji es ampliamente considerada la primera novela del mundo. La propia
Biblioteca del Congreso la describe como una de las obras fundacionales de la
literatura japonesa y señala que es ampliamente considerada la primera novela
mundial.
Conviene, no obstante, formular esta afirmación con
rigor. El concepto moderno de «novela» no existía exactamente en el Japón del
siglo XI y la obra pertenece a la tradición narrativa japonesa del monogatari.
Por eso, la formulación más precisa es que Genji Monogatari es ampliamente
considerada la primera novela del mundo y, sin duda, una de las primeras
grandes obras narrativas que reúne características esenciales de la novela
moderna.
Una mujer adelantada a su tiempo
Murasaki nació en una familia de la nobleza de rango
medio. Su padre fue Fujiwara no Tametoki, funcionario y hombre de gran
formación literaria. En una sociedad donde la educación formal de las mujeres
estaba severamente condicionada, Murasaki recibió una formación excepcional.
Fue educada en el entorno intelectual de su padre y
demostró desde muy joven una capacidad extraordinaria. Las fuentes señalan que
llegó a conocer los clásicos chinos, pese a que el chino clásico constituía la
lengua culta de la administración y de la literatura masculina de mayor
prestigio. Su talento intelectual era tan notable que su padre habría lamentado
que hubiera nacido mujer.
Hacia finales del siglo X contrajo matrimonio con
Fujiwara no Nobutaka, con quien tuvo una hija, Daini no Sanmi. Su esposo murió
pocos años después del matrimonio. La tradición biográfica sitúa en torno a
esos años el inicio de la escritura de Genji Monogatari, aunque no es posible
establecer con absoluta precisión cuándo comenzó a redactarla.
Posteriormente ingresó en la corte imperial al
servicio de la emperatriz Shōshi, hija del poderoso Fujiwara no Michinaga. Allí
conoció desde dentro el universo aristocrático que posteriormente convertiría
en materia literaria.
No escribió sobre un mundo que apenas conocía: había
vivido en él.
Conocía sus ceremonias, sus códigos sociales, sus
relaciones de poder, la importancia de la poesía, la música, la vestimenta, los
jardines, las cartas, los silencios y las complejas relaciones entre hombres y
mujeres.
La novela de un príncipe y de toda una sociedad
El protagonista de La historia de Genji es Hikaru
Genji, el llamado «Príncipe Resplandeciente».
Genji es hijo del emperador, pero las circunstancias
políticas hacen que pierda su condición imperial y pase a formar parte de la
nobleza con el apellido Genji. A partir de ese momento comienza una
extensa narración sobre su vida, sus relaciones amorosas, sus ambiciones, sus
éxitos, sus pérdidas y su progresiva confrontación con la fragilidad de la
existencia.
La obra está compuesta tradicionalmente por 54
capítulos y se desarrolla a lo largo de varias generaciones. La Biblioteca del
Congreso señala que narra la vida y los amores del príncipe Genji y los asuntos
de sus hijos y nietos, al mismo tiempo que ofrece un extraordinario retrato de
la vida cortesana japonesa durante el período Heian. La narración contiene
además cerca de 800 poemas integrados en la prosa.
La Universidad Nacional de Educación a Distancia
divide tradicionalmente la obra en tres grandes núcleos: el ascenso y caída de
Genji; un período de transición después de su muerte; y los capítulos de Uji,
centrados principalmente en sus descendientes, Niou y Kaoru.
Mucho más que una historia de amor
Reducir Genji Monogatari a una sucesión de romances
sería desconocer su verdadera dimensión. Las relaciones amorosas
constituyen una parte esencial de la trama, pero a través de ellas Murasaki
explora cuestiones mucho más profundas: el deseo, los celos, la soledad, la
desigualdad entre hombres y mujeres, la dependencia respecto del poder, la reputación,
la maternidad, la pérdida y la imposibilidad de conservar aquello que se ama.
Uno de los rasgos más extraordinarios de la obra es la
profundidad psicológica de sus personajes. Murasaki no se limita a contar
lo que sucede. Penetra en los pensamientos, dudas, temores, deseos y
contradicciones de quienes protagonizan la historia. Por esta razón, la
obra ha sido estudiada como un antecedente fundamental de la novela psicológica.
La investigación académica de Columbia University señala que la
individualización de los personajes y la representación de sus pensamientos y
emociones han llevado a denominarla «la primera novela psicológica del mundo».
La mirada de una mujer sobre el poder
La grandeza de Murasaki está también en su
mirada. Las mujeres de la aristocracia Heian vivían sometidas a numerosas
restricciones. Muchas dependían de los hombres para su posición social y
sufrían las consecuencias de decisiones políticas y familiares sobre las que
tenían escaso control. En Genji, esas mujeres no aparecen simplemente como
figuras secundarias.
Tienen deseos, inteligencia, orgullo, miedo,
sensibilidad y voluntad propia. Se comunican mediante cartas y poemas;
interpretan silencios; esperan; sufren; aman; rechazan; recuerdan. Murasaki
convirtió ese mundo femenino, aparentemente encerrado detrás de puertas y
biombos, en uno de los grandes territorios psicológicos de la
literatura. Y lo hizo desde dentro.
El paso del tiempo como protagonista invisible
Hay una dimensión particularmente profunda en Genji:
su conciencia de la impermanencia.
La belleza desaparece.
Los amores terminan.
Las personas envejecen y mueren.
Las posiciones sociales cambian.
Los hijos sustituyen a los padres.
Lo que parece eterno resulta pasajero.
Esta sensibilidad se relaciona con el concepto japonés
de mono no aware, asociado a la conciencia melancólica de la fugacidad de las
cosas. Por debajo del refinamiento de los palacios, los jardines, los
perfumes, los tejidos, la música y la poesía existe una sociedad marcada por la
fragilidad. Y quizá por eso la obra continúa hablándonos después de un
milenio: porque detrás de la sofisticación de la corte japonesa Murasaki
encontró algo universal. El ser humano intentando aferrarse a aquello que
sabe que perderá.
Murasaki Shikibu y Miguel de Cervantes: dos nombres
separados por seis siglos
Existe un paralelismo inevitable y fascinante. Murasaki
Shikibu escribió La historia de Genji a comienzos del siglo XI. Miguel de
Cervantes publicó la primera parte de Don Quijote de la Mancha en 1605 y la
segunda en 1615. No sería correcto afirmar que Cervantes fue «el primer
hombre que escribió una novela», porque hubo otros autores y tradiciones
narrativas anteriores. Lo que sí puede afirmarse es que Don Quijote es
considerado una obra fundacional de la literatura occidental y una de las
grandes obras asociadas al nacimiento de la novela moderna.
Así, separados por aproximadamente seis siglos y por
mundos culturales completamente diferentes, Murasaki y Cervantes ocupan lugares
extraordinarios en la historia de la narrativa. Ella escribió en el Japón
Heian, desde una sociedad cortesana donde la escritura femenina encontró un
espacio singular.
Él escribió en la España de los siglos XVI y XVII, en
una Europa que estaba transformando profundamente sus formas literarias.
Dos autores, dos civilizaciones, dos épocas. Y
una misma conquista: hacer de la ficción un instrumento para explorar la
condición humana. Una obra que sobrevivió a un milenio. El manuscrito
original de Murasaki no ha llegado hasta nuestros días. La obra sobrevivió
mediante copias posteriores y fue transmitida, estudiada, ilustrada y
reinterpretada durante siglos.
La Biblioteca del Congreso conserva antiguas ediciones
de Genji y señala que la obra ocupa un lugar central en la cultura japonesa. La
versión conservada en sus colecciones está estructurada en 54 volúmenes,
correspondientes a la tradición textual de la obra. Su influencia alcanzó
la literatura, la pintura, la caligrafía, las artes decorativas y,
posteriormente, numerosas formas de cultura popular.
También trascendió las fronteras de Japón. Genji ha
sido traducida repetidamente a lenguas modernas. La dificultad de trasladar su
lenguaje, poesía, referencias culturales y sensibilidad estética convierte cada
traducción en una nueva aproximación a la obra. La Biblioteca Nacional de
Japón registra, entre otras, traducciones al inglés de Edward G. Seidensticker
y Royall Tyler, mientras que en español existen ediciones como las publicadas
por Atalanta, con traducciones vinculadas a las versiones de Royall Tyler y
Arthur Waley.
El legado de la primera novelista
Murasaki Shikibu ocupa un lugar excepcional no
solamente porque escribió una obra extraordinaria, sino porque lo hizo hace
aproximadamente mil años, cuando las posibilidades intelectuales y literarias
de una mujer estaban profundamente condicionadas por su sociedad.
Su nombre personal se perdió.
Su manuscrito original desapareció.
Su mundo dejó de existir.
Pero su obra permaneció.
Y quizá esa sea la paradoja más hermosa de su legado:
una mujer cuyo propio nombre no conocemos con certeza consiguió que su voz
sobreviviera durante más de un milenio. Murasaki Shikibu no necesitó un
trono para entrar en la historia. Le bastó una pluma. Y con ella escribió
una de las obras que transformaron para siempre la literatura universal.
BREVE BIOGRAFÍA DE MURASAKI SHIKIBU
Murasaki Shikibu fue una escritora, poeta y dama de
compañía de la corte imperial japonesa durante el período Heian. Su nombre
personal se desconoce; «Murasaki Shikibu» es una denominación cortesana.
«Shikibu» está relacionada con el cargo que había desempeñado su padre,
Fujiwara no Tametoki, mientras que «Murasaki» se relaciona probablemente con un
personaje femenino de Genji y con la planta utilizada para producir un tinte de
color púrpura. Su nacimiento se sitúa aproximadamente entre 970 y 978.
Perteneció a una rama de la poderosa familia Fujiwara y recibió una educación
excepcional para una mujer de su época.
Se casó con Fujiwara no Nobutaka y tuvo una hija. Tras
la muerte de su esposo, comenzó probablemente a desarrollar Genji Monogatari.
Posteriormente entró al servicio de la emperatriz Shōshi en la corte
imperial. Además de La historia de Genji, escribió un diario y dejó una
importante producción poética. Su muerte se sitúa generalmente a comienzos
del siglo XI, aunque la fecha exacta continúa siendo incierta.
Su obra maestra, Genji Monogatari, escrita en el Japón
Heian, es ampliamente considerada la primera novela del mundo y constituye uno
de los pilares de la literatura universal.
Fuentes de consulta:
Library of Congress, The Tale of
Genji y The Tale of Genji: 1,000 Years of Romance.
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED),
recursos sobre Genji: autora y estructura de la novela.
National Diet Library of Japan,
registros bibliográficos de The Tale of Genji.
Columbia University, estudios sobre The Tale of Genji
y su importancia literaria.
Archivo Privado Durán -Capel
*Ivette Durán Calderón es jurista, investigadora
activista sociocultural autora en diferentes géneros literarios y
conferencista.
Ivette Durán Calderón
www.ivettedurancalderon.com

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