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Óscar Barbery Suárez - El efecto Bererén (Parte I)

 PARTE I 


Así, como filosofando, le digo que hay que saber sacar pequeñas ganancias de las grandes pérdidas. Pero yo no pensaba así hace tres años, cuando conocí a Bererén Gonzales.  Y él, en esa época, era absolutamente incapaz de decir lo que después diría en una conferencia de prensa: “todo cambia, nada es”, al explicar por qué su equipo, Oriente Petrolero, había perdido el campeonato. Pero me estoy adelantando.  El día que fue a mi oficina, lo recuerdo como si fuera ayer, entró con un ojo morado y los labios hinchados.

. -Mucho peor quedaron los otros -. Me dijo. Vislumbré inmediatamente todo el potencial que tenía este muchacho y acepté ser su mánager.

En esos días Bererén Gonzales era un hombre impulsivo, emocional, agresivo, propenso al juego de villanos, es decir, de manos. Se lo dije: juego de manos es de villanos y Bererén se quedó mirándome con curiosidad. Estoy seguro que su anterior mánager nunca le dijo nada tan profundo. Juegos de pies, debí haberle dicho, dada su condición de futbolista. Recuerdo que me pregunté villanos rima con manos ¿Qué rima con pies? ¿Ciempiés?  Pude haberle dicho “juego de pies es descortés”, pero eso se me ocurrió después y a estas alturas ya no importa. La cosa es que Bererén era un tipo extremadamente agresivo, iracundo. Aún no se le había pasado por la cabeza aquello de “conócete a ti mismo”. Ser agresivo le era beneficioso en la cancha porque con sus planchazos, empujones, codazos, cabezazos desanimaba a los delanteros rivales. Bererén era, sin lugar a dudas, el mejor líbero del país: fuerte, pesado, pero al mismo tiempo ágil. Lo suyo, al defender el área del arco, no sólo eran cosas aprendidas en los entrenamientos, lo suyo era congénito, tenía la agresividad en los genes, y con la violencia de sus reflejos y gestos terminaba venciendo carrileros izquierdos y derechos, volantes de creación, arietes delanteros, y falsos nueves. Los jugadores del mediocampo para arriba le tenían tanto miedo como admiración los del mediocampo para abajo.

Se dio el caso, según me cuentan, que un número dos, envidioso de los éxitos del número diez de su equipo, lanzó una maldición que se hizo famosa: “ojalá te agarre Bererén”. Y Bererén lo agarró y se acabó la carrera del goleador. Cuando trascendió esta anécdota, aparecían en las canchas del país donde circunstancialmente jugaba Oriente petrolero, vendedores de pulseras anti Bererén; eran pulseras de plástico que, según decían, salvaban a los delanteros de maldiciones como ésas y, por ende, de los efectos de la marcación de mi representado. Aun así, pulsera de protección y todo, juro que más de una vez famosos delanteros se hacían los enfermos para no entrar a la cancha y sufrir la marca de este formidable defensa.

Esto sucedía en lo individual. En lo colectivo la cosa era peor, con el denominado “efecto Bererén”, tal era el nombre dado al desbarajuste de esquemas que se armaba en la formación de los equipos rivales cuando se le enfrentaban a Oriente con Bererén como número tres.   Por ejemplo, varias veces se dio el caso en el que un esquema clásico de línea de tres: 3-4-3 implementado por, digamos, Blooming, se convertía espontáneamente en un esquema de línea de dos: 8-2, porque ninguno de los jugadores rivales quería adelantarse más allá del medio campo cuando veían a Bererén en la cancha.  Le pasó también a Guabirá, a Real Santa Cruz, a Destroyers, quienes, partiendo de esquemas ordenados de línea de tres, por culpa del efecto Bererén terminaban en esquemas tipo bolleo, al mejor estilo del sálvese quien pueda.

Ahora, a la distancia, yo creo ver una relación directa entre lo que Bererén provocaba en las filas de los equipos adversarios y lo que él provocaría en el lenguaje futbolístico. De hecho, lo intuí el año pasado, cuando Gonzales volvió a jugar después de estar ocho meses convaleciente por culpa de una lesión del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. Finalizado el juego, al salir de la cancha rumbo al vestuario, para explicar por qué le había roto la tibia a un volante de real Santa Cruz, dijo: “uno es lo que hace con lo que hicieron de él”.  Esa fue su primera declaración extraña. Cuando largó la frase así, en la tele, yo ya llevaba dos años como su mánager y a pesar del vínculo, fui el primer sorprendido. Lo atribuí a su larga y aburrida convalecencia. Pero me hizo preguntarme ¿Quién es este hombre, en realidad? Y bueno, para empezar no se llamaba Bererén Gonzales, se llamaba Gonzalo Gonzales. Le decían Bererén desde chico, porque ¡Bererén! todo se llevaba por delante. El apodo era de origen onomatopéyico y se le quedó hasta cuando fue defensa, llevándose por delante a cuanto jugador se le enfrentara.

Continuará...

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"El efecto Bererén" es publicado con la autorización del autor. Podrá ser retirado de este sitio a simple requerimiento del mismo.

Fotografía: Página de Facebook de Oscar Barbery Suárez

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