Porque la conocían no se sorprendieron de su
expresión exaltada, casi soez, pero Cecilia había dicho, “Ese viejo está muy
bueno. Me dan ganas de tirármelo”. No les sorprendió la expresión, sí la edad
del tipo al que se refería, que era realmente un hombre mayor, aunque guapo, ya
que estaban acostumbradas a que ella le hiciera el amor a quien quería, pues
con 18 años, lo había hecho con muchos muchachos y hombres, pero que nunca
superaron los 40. Ella, en realidad, no era tan frívola como aparentaba. Si
bien, había empezado a cursar una carrera de Administración de Empresas, que la
aburría soberanamente y a la que prestaba la mínima atención, le gustaba leer y
a veces leía cosas buenas, de las que había aprendido, al cernir con la
voluntad de su inexperiencia y de sus propios deseos mezquinos, aquella
libertad sexual que proclamaba y que distorsionaba de acuerdo a sus apetencias.
Entonces, el viejo “bueno”, “sexy”, que estaba allí, sería su próximo objetivo.
El hombre de 65 años, guapo, experimentado, se
sorprendió cuando aquella muchacha se le aproximó y le dijo: “Por favor, no me
confunda que no soy una prostituta, pero me agradaría tomar un café con usted”.
Él, mientras observaba la belleza y la juventud de la joven, sin salir de su
asombro, simplemente hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. Lo demás, fue
lo de menos. Tomaron el café, ella le dijo su nombre, le dio algunos datos
personales y cuando él le inquirió el porqué de su abordaje, ella le dijo
“Admiro la belleza masculina y esa belleza no tiene edades”. Él, Eduardo, le
agradeció, intentó hacerle notar que podía ser su abuelo ya que tenía más de 60
años, pero eso fue apenas un esbozo de resistencia pues, la enorme sensualidad
que ella emanaba no le permitía pensar casi nada. Así, mansamente se entregó a
ella que lo subió a un taxi y lo llevó a un motel, sin besos previos, sin
toqueteos, hasta que estuvieron dentro de la habitación y todas las alarmas que
venían alentando en él se le rasgaron como un papel cuando ella puso su boca en
la de él, cuando le restregó el cuerpo con el suyo, cuando se quedó desnuda
como una ninfa seduciendo un dios, cuando la dejó penetrarla y todas las
emanaciones de luz del universo se encendieron en su mente cegándolo todavía
más, y todas las explosiones del más insospechado de los placeres le invadieron
el cuerpo. Entonces, Eduardo, sintió renacer en él una vitalidad de
adolescente, a la que sumó la sabiduría de su cuerpo experto pero renovado y,
entonces, le hizo el amor, tres, cuatro veces seguidas, hasta quedar exánime,
aunque todavía deseoso, sobre el cuerpo de aquella mujer joven que le
correspondió con todos los espasmos, con todas las sonoridades, con todas las
exaltaciones. Era el súbito remozarse de sus hormonas decadentes, como la
hierba parda enverdeciéndose al beso de la lluvia. No hubo nada planeado en él,
ninguna estrategia proveniente de la sabiduría alcanzada con los años. Fue el
simple accionar de su cuerpo y de su espíritu renovados por la inmensidad de la
belleza y la frescura de ese cuerpo encajado en el suyo emanando su juventud
contagiosa, lo que lo guió por los caminos de la hazaña que no se ostentaba,
que se mostraba tan normal como una relación de causa efecto, como que a la
noche le sucedía el amanecer desparramando luces, y colores, y calor. Se le
grabó sí, como la marca de un hierro al rojo vivo, la visión de su curvado
empeine, de la vena serpenteante, y de los dedos encogidos de sus pies,
coordinando con los espasmos de su vientre, en uno de los momentos en que el
fragor de su sangre la hacía estremecerse de regocijo. Mientras se prodigaba en
potencia y pericia, mientras multiplicaba la capacidad de su cuerpo que, en
realidad únicamente respondía a los prodigios de ella convertida en una especie
de súcubo angelical, no tuvo la posibilidad de advertir la cantidad de veces en
que la explosión de fruiciones se renovó, sí, la calidad insospechada del gozo
que ambos experimentaban.
Cecilia, por su parte, descubrió lo inesperado, la
revelación mágica, que no sabía si era una epifanía o en realidad, una
serendipia. La definición no le importaba. Lo único que sabía con certeza es
que nunca nadie había colmado ni desatado todas las locuras de su cuerpo, como
aquel hombre viejo al que se acababa de entregar. Nadie le había revelado los
manantiales secretos y resguardados del placer nuevo del que no se sabía capaz.
Su cuerpo le hizo saber que más allá del mar ardiente de su sangre, existían
otros océanos inexplorados, otros abismos de delectación por donde ese hombre
la había hecho flotar, como en una alucinación de satisfacciones y deleites que
jamás había conocido. Y sus orgasmos se le revelaban como el ascenso de un
globo de luz de un fuego de artificio, su estallido en decenas de fragmentos de
colores insólitos, su caer suave, armonioso, hasta deshacerse en la superficie
cálida de las sábanas alborotadas, cargadas de energía en ese campo de batalla
de los cuerpos entregados a una sumatoria infinita de posesiones. Y sus gritos,
sus desgarramientos vocales que no pudo controlar y que retumbaban en las
paredes y en los oídos del hombre enfebrecido en su tarea de amor. No hablaron,
no se dijeron ni una palabra de cariño ni de reconocimiento, apenas las de
ella, al salir con los ojos todavía desencajados, pidiendo el número de
teléfono de él, y las de él, dándoselo.
Eduardo regresó a su casa, todavía sumergido en
aquella burbuja de la delicia remanente y tuvo que esforzarse para volver a
situar a su ser en el mundo en que vivía. Tenía 65 años, era viudo desde hacía
20, gozaba de buenos ingresos económicos, no tenía hijos ni casi familia. Tenía
amigos, claro, y se sabía guapo lo que le había brindado muchas mujeres, pero
ninguna jovencita, salvo tal vez, alguna prostituta juvenil de las que
abundaban por la ciudad, pero aun esa relación, después de tenerla se le
apareció como repulsiva, por el abuso que él pensaba que implicaba. Además, no
era hombre de putas; entre las cuarentonas su coto de caza había sido amplio y
fructífero. En los últimos años, sin embargo, se notaba declinar en vigor, a la
vez que el sueño siempre vigente del amor, se le alejaba cada vez más. Lo que
acababa de sucederle con Cecilia, se le aparecía como un hecho enorme y mágico.
La inteligencia que se le reinstalaba paulatinamente, le hizo comprender que la
joven que había poseído esa noche, tenía unos atributos capaces del prodigio.
Vagamente, pensó en una pintura de Lucas Cranach, a la que había mirado siempre
como si, lo allí contado, fuera una fantasía irrealizable. Pero él acababa de
vivir ese hecho fantástico. También, una alarma se le activó advirtiéndole del
peligro para él de una relación así. Debía evitarla, por su propio bien.
Cecilia, en el taxi de regreso, sentía todavía el
cuerpo como en la ingravidez, lo veía, como si sobre él hubieran quedado los
restos de un banquete fantástico en el que se había hartado de delicias,
conociendo sabores insospechados, deleites nuevos e intensos. Decidida, no
obstante, a no caer en ensoñaciones, se dijo a sí misma para terminar con el
asunto: “Ese viejo de mierda me hizo disfrutar con tanta intensidad, como nunca
lo había experimentado” Y para rematarlo añadió: “Yo debo de tener mucho del
mérito en ello. El viejo es absolutamente mío, está a mis pies. Podré tenerlo
cuando quiera y donde quiera, aunque reconozca que el juego este no es muy
estético, su piel y sus músculos no tienen el brillo de los hombres con los que
me acuesto. Es mejor que, por ahora, no vuelva a verlo”.
Al anochecer del día siguiente, Cecilia, que
durante todo el día había sufrido una extraña inquietud, sentía su cuerpo
desamparado y ansioso. Se concebía como una drogadicta empezando a sufrir de
abstinencia. Se reveló contra ello. Trató de llamar a alguno de sus antiguos
amantes para calmar toda esa necesidad. Cuando tomó el teléfono se dio cuenta
de que en realidad estaba llamando a Eduardo. El ardor de sus ovarios, próximos
a eclosionar, alteró los caminos neuronales, y en vez de llamar al antiguo
amante, llamó al nuevo, que, en realidad, era el viejo. Lo nuevo, lo revelador
y esplendente, era, sin dudas, el viejo. No sintió arrepentimiento, sino más
bien una alegría feroz y urgente. Él era lo que ella necesitaba, el viejo era
lo que ansiaba su carne presagiando renovadas exaltaciones. De nuevo fue un
encuentro colmado de exacerbaciones, de erupciones desde los sitios ocultos del
placer soberano, de dulces latigazos que estremecían sus cuerpos en un diluvio
de sensaciones no experimentadas y que los rendían en una agonía de delectación
inconmensurable, dejándolos flotando allá donde el deleite abolía todo tiempo y
espacio. Otra vez, en medio de los gritos y gemidos, se hizo evidente la
ausencia de las palabras, salvo, cuando entre uno de los tantos paroxismos, el
viejo pronunció “te amo”. Ella recibió esas dos palabras sintiendo un
sobresalto soterrado por el gozo que todo lo avasallaba, pero lo registró en su
conciencia y logró contestarle en una expresión que esbozaba algo de gentileza:
“A partir de mañana, llévame a tu casa, porque si seguimos viniendo aquí,
pronto te quedarás pobre y yo tengo para mucho más”.
Los días se sucedieron de igual manera en la casa
de él, de la cual Cecilia, al principio sólo asimiló el dormitorio, pero que
gracias a su creatividad fue recorriendo y aprendiendo, pues le pedía que se lo
hiciera en el piso del baño, en la tina, en el borde del inodoro, en el
lavamos. Y luego en cada rincón de la cocina, en la mesa y en las sillas del
comedor, en el sofá de la sala y en el suelo de la misma. También en el jardín
interior a pesar de la humedad del pasto, y desde allí, sus eclosiones sonoras,
en medio de los trabajos del amor, desataron los ladridos de los perros de todo
el vecindario y, desde luego, los comentarios escandalizados o los pensamientos
soeces de las personas que habitaban las casas próximas. Él, varias veces en medio
de la exaltación, le repitió “te amo” y ella, finalmente, logró responderle,
“yo no”. No obstante, había detalles que a él le hacían percibir una escondida
ternura por parte de ella, cuando por ejemplo en las pausas, ella se prendía a
él y dormitaba unos segundos sobre su pecho. Como cuando ella le preguntaba a
la espera de la respuesta negativa que siempre venía, si él pensaba que ella
era una puta. Como cuando le contó que desde los doce años ella había vivido
sin madre, pues se fue con otro hombre y dejó a su padre sumido en un marasmo
que apenas le dejó funcionando el corazón y algunas de las otras funciones
vitales que lo habían convertido en un muerto en vida. Eduardo, solía llevarla
a comer a restaurantes donde aparecía como un abuelo amoroso con una nieta, que
sólo por el hecho de estar presente, despertaba las miradas codiciosas de los
hombres de las mesas vecinas, como si el ardor nunca agotado de sus ovarios,
les despertara el estro como a los animales, el celo de los machos próximos,
impregnándolos con su olor a estradiol y desatando sus tormentas internas, que
únicamente las imposiciones poderosas de una falsa civilización, podían
disimular.
En una de esas conversaciones en un restaurante, él
le dijo: “Yo te amo, y te amaré hasta el último de mis días. Amo no sólo tu
cuerpo, sino todos aquellos fragmentos de tu alma que desde él me llegan. Sé
que es un sueño sin esperanzas, una utopía, pero no dejo de imaginarme que tú
pudieras acompañarme en el tiempo que me resta y recibir mi ternura, eso que es
mucho más que los arrebatos del sexo. Yo soy mucho más que la máquina de hacer
el amor que tú has creado, yo puedo darte mucho más, y eso es amor”. Ella
disimuló la emoción que le produjeron tales palabras, y no sin maldad, le
respondió. “Tú eres mi viejito, mío. Yo no soy ‘tu’ nena, pues no te
pertenezco. Tú me das placer, que muchos otros jóvenes y bellos, me lo pueden
dar. Yo estoy contigo porque ahora me apetece hacerlo. ¿Cómo puedes imaginar
que yo te podría amar? Es absurdo”. Él la escuchó con dolor y no pudo evitar
que una lágrima se le escapara. Era así, era lógico, él lo sabía y debía
asimilarlo. Por eso no le respondió nada, por eso pagó y salieron del local. Él
regresó solo a su casa, abismado en una soledad profunda, como nunca la había
sentido, pero todavía aferrado a la esperanza de retener, cuanto le fuera
posible, el cuerpo de Cecilia. Ella regresó a la suya con la conciencia de que
había sido cruel, de que ese hombre, el viejo, le brindaba más que las
exaltaciones de su cuerpo, y que eso, no le era del todo indiferente. Pero el
poder de su juventud se impuso rápidamente y borró todo esbozo de
arrepentimiento.
A partir de ese día las cosas comenzaron a decaer.
Para ella, el sexo seguía siendo maravilloso, pero al concluirlo una sensación
de hastío se apoderaba de ella. Para él, la necesidad de preservarla a su lado,
no podía disimular la certidumbre de que se dirigían a un final inevitable. Un
día, al finalizar por el agotamiento irremediable la sesión de penetraciones y
absorciones, de perforaciones y retenciones, ella simplemente le dijo: “Bueno,
ahora me voy. Todo ha terminado entre nosotros. Gracias por lo que me has
dado”. Él no le respondió y la dejó partir, y se encontró, desde ese momento,
con todos los desgarramientos del horror. Ella, se acostó con hombres de su
edad, y no encontró para nada, la satisfacción que le había brindado el viejo.
A los seis meses de intentar sin éxito lo que perseguía, pensó que era hora de
sentar cabeza, y decidió casarse con un muchacho de otra ciudad. No le fue
bien. Antes de los tres años, se divorció y volvió a su ciudad natal. Allí, al
cabo de un tiempo, se encontró con una de sus viejas amigas y le dijo esto: “El
que fue mi marido, fue en mí, apenas un impulso, el deseo incoherente de
pretender borrar lo que había pasado con Eduardo, el viejo. De suplir con la
simple ilusión, los espacios de aquel cuerpo, de aquel espíritu, aunque eso
todavía no lo valoraba, que me había hecho vibrar como nunca en la vida. Fui
perversa con el viejo, y pienso que de alguna manera lo quise, pero el
reconocerlo me provocaba rebeldía y, tal vez por ello, yo reaccioné con el
maltrato. Hice mal, porque más allá de lo asombroso del sexo que me brindaba,
nadie me trató con la ternura y el amor que él me entregaba”.
Eduardo nunca dejó de buscarla, y así, en la facultad de economía a la que ella asistía, conoció a una de las amigas de Cecilia, y aunque no hicieron amistad, por unos días se aferró a ella, con la alucinada convicción de que en las amigas también habría parte de ella, de que el conversar con alguien que había sido cercana a su perdido amor, era una manera de recuperar algunos de los pedazos rotos de su vida, de la presencia imposible de aquella mujer que lo había dejado hacía varios años. Un día, conversando con la amiga, le confió esto: “En los días finales de su presencia a mi lado, aunque supe que ella nunca me había amado y que no podría amarme, fui notando el envilecimiento progresivo de la relación. Ya el sexo no lo colmaba todo, y surgía como una especie de fastidio; en ella como desgaste de la novedad; en mí, como consecuencia de la desesperanza, de saber que mi amor solitario no bastaría para colmar los tiempos y los espacios de su ser. Al saber que la amaba, desde el principio, yo había saltado al vacío, sin protección, sin paracaídas, como suele ser, pero en mi caso, era peor aún, porque yo tenía menos defensas. Hace poco, supe del accidente pues, siempre estaba indagando sobre su acontecer y, por lo tanto, me procuraba todos los medios para saber algo sobre su vida. Sólo que esta vez supe de su final. Han pasado meses desde el accidente, cuatro años, desde que ella se separó de mí, y toda esa suma de días me hizo comprender que el tiempo no cura las heridas. Yo, nunca más pude sanar. Y ahora que está muerta, más que nunca, más que siempre, no puedo dejarla ir. Yo también estoy muerto desde que ella me dejó. Murieron la alegría, la paz, la esperanza, y sólo me permiten el seguir caminando y hablando, las imágenes que de Cecilia guardo en mí, porque desde esos resplandores se hace posible que siga latiendo mi corazón, aunque apenas eso sirva para honrarla en mi memoria. Por eso, entenderás que, a pesar de su muerte, no puedo, no podré, mientras yo camine por esta tierra, dejarla ir”.
***************************************
Más allá
del cuerpo y de la vida es publicado con la autorización del autor; podrá ser
retirado de este sitio a simple requerimiento del mismo
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Reseña biográfica
Andrés Canedo
Maestro
de las Artes, en Bolivia (noviembre de 2015)
Cochabamba
- Bolivia – 1946
TRABAJOS LITERARIOS
Ø Pequeña
muestra de Poesía Universitaria
– Córdoba – Argentina (1967)
- Alrededor de 30 diferentes artículos sobre arte,
literatura y teatro en revistas y diarios del país, en el transcurso de
diferentes años.
- 1977 – 1979: Director de la Revista “Acto” en la que publicó
diferentes artículos.
- 1987: Artículos sobre Teatro Boliviano para el Inventario
de Teatro Iberoamericano, (España).
- 1999: "En
torno a Bertolt Brecht", Revista “Conjunto”, Revista de Teatro
Latinoamericano, Casa de las Américas, Cuba.
- 1999: Autor de la novela “Pasaje a la Nostalgia”, Editorial RB, Santa Cruz, Bolivia.
- 2001: Publicación en
la revista de Internet “Sappiens” de España: “Voy casi
corriendo por la Kudam”, cuento.
- 2002: “Sara, Sara”, cuento publicado en el
libro “Santa Cruz, Ciudad Íntima”, Alcaldía de Santa Cruz.
- 2004: “Cartas
de Amanda”, cuento publicado en la serie Medusa de Fuego de Editorial
La Hoguera, Santa Cruz – Bolivia.
·
2013: “Sara, Sara”, en Antología Internacional
“Una mirada al Sur”, en Ediciones Pasión de Escritores, Argentina.
·
2016: Segunda Edición
de la novela Pasaje a la Nostalgia,
Editorial Kipus, Cochabamba, en Feria Internacional del Libro, Santa Cruz, Bolivia.
·
2018: Infinite love time, en el libro Love, my religión, publicado en India,
a cargo de los editores Chowdbury y Kanade.
·
2018: Dos textos de prosa poética, en el
libro Poetas de allende los mares, editado
bajo la coordinación de Josep Lleixá Fernández, en Barcelona, España.
·
2018: En el palco está la abuela Julia (Abuela
Julia) texto seleccionado y publicado por la Revista Rascacielos, del
diario Página Siete. La Paz, Bolivia.
·
2018: Amor y mar, publicado en Prosa Nostra,
revista de México.
·
2018: Pepe Ballón, publicado en el Nº 55 de
la Revista de la Asamblea Legislativa Plurinacional (Bolivia).
·
2019: La mujer del pescador, revista Brevilla
(Chile), Hokusai, Antología de microrrelatos.
·
2019: (marzo) El amor añorado a través del tiempo,
diploma de la página Palabras bajo la lluvia (Argentina) por dicha publicación
(marzo 2019).
·
2019: El mar y la maravilla, cuento publicado
en la revista Letras Itinerantes (Colombia) (27 de marzo, 2019).
·
2019: Un cuento, un poema y una carta, 3
publicaciones en el libro “ Romance Idílico desde el Pilcomayo"
,"Los Reyes de la Tertulia”, a cargo de Alejandra Veruschka. (Villamontes,
Tarjia, Bolivia)
·
2019 (mayo) Seis cuentos en libro A Cuentaviento, por Editorial Soy
Livre, para presentación en Feria Internacional del Libro, Santa Cruz de la
Sierra.
·
2019: (mayo)
Distinción como “Destacado”: “Amarte
bajo la sombra de los árboles”, por Palabras bajo la lluvia (Argentina).
·
2019:
(junio) Sirena, Sirenas, cuento
publicado en el libro Antología binacional “Estaño y Plata”, editado por
Editorial Kipus, Bolivia y compilado por Sergio Gaut vel Hartman, de Argentina.
·
2019:
(septiembre) Soñando bajo la luz, cuento
publicado en Revista Némesis, de
Lima,
Perú.
·
2019:
(octubre) Soñando bajo la luz,
cuento publicado en la revista Gaceta Literaria, Peuco Dañe, Chile.
·
2020:
(febrero) Publicación en la revista Caras de Latinoamérica: El mar y la
maravilla. Cochabamba, Bolivia.
·
2020:
(abril) El fisgón del Patio de comidas,
publicado en Inmediaciones.org
·
2020:
(abril) Conversación al atardecer,
publicado en Inmediaciones.org
·
2020: (mayo)
La mujer del pescador, publicado en
Antología del Día Mundial del Libro, de Páginas Libres. Potosí, Bolivia.
·
2020:
(junio) Versos desde el Pilcomayo: Segundo premio en poesía, con el poema Tú y yo.
·
2020:
(junio) Red de escritores y escénicas Potosí: Micro cuento de Terror.
·
2020:
(junio) Muerte en la llanura,
publicado en Inmediaciones.org
·
2020:
(junio) Muerte en la llanura,
publicado en Faro Cultural Santa Cruz
·
2020: (julio)
Amar en cuarentena, publicado por
Inmediaciones. org
·
2020;
(julio) No todos los bares quitan la tristeza, publicado por
Inmediaciones.org
·
2020:
(julio) Premio: Amar en cuarentena. Ganador concurso Fundación
Cultural Banco Central de Bolivia: La Pandemia y la experiencia de la
Cuarentena 2020.
·
2020:
(septiembre) Novela Territorio de Signos,
Editorial 3600, La Paz, Bolivia.
·
2020:
(octubre) Reflejos de Cecilia, publicado por Inmediaciones.org
·
2020 (octubre)
El viento no se lleva todo, publicado por Inmediaciones.org
·
2020
(diciembre) El visitador de Museos,
publicado por Abrelatas Literario
·
2020
(diciembre) El visitador de Museos,
publicado por Inmediaciones.org
·
2020
(diciembre) En el pub de Berlín, en El sabor de los secretos, Soy Livre.
·
2020
(diciembre) Bolero, de Ravel,
publicado por Inmediaciones.org
·
2021 (enero)
Viaje al mar agitado, publicado por
Inmediaciones.org
·
2021 (enero)
La llamada telefónica, publicado por
Abrelatas Literario.
·
2021 (enero)
La llamada telefónica, publicado por
Inmediaciones.org
·
2021 (enero)
Amar en cuarentena, publicado por la
revista Engarce, de México.
·
2021
(febrero) Amor y otros enredos,
publicado por Abrelatas Literario.
·
2021
(febrero) Sara, Sara, publicado por Inmediaciones.org
·
2021
(febrero) Algunos teatros en mi vida,
publicado por Inmediaciones.org
·
2021 (marzo)
De bajada, cuento, publicado por
Inmediaciones.org
·
2021 (marzo)
Cuerpo, relato publicado por la
revista mexicana ESCAFANDRA.
·
2021 (marzo)
De bajada, publicado en el blog
español, LITERATURA 5.0
·
2021 (marzo) Cuerpo,
relato publicado por la revista mexicana ESCAFANDRA.
·
2021 (marzo) Cervantes y La Paz, publicado en el
blog español, LITERATURA 5.0
·
2021 (marzo) Conversación al atardecer, publicado en
el blog español, LITERATURA 5.0
·
2021 (marzo) Muerte en la llanura, cuento publicado
en la revista venezolana LETRALIA
·
2021 (abril) El viento no se lleva todo, cuento
publicado en el blog español, LITERATURA 5.0
·
2021 (mayo) Los ojos ciegos de la noche, cuento publicado
por Inmediaciones.org
·
2021 (mayo) Conversar al caer el día, cuento
publicado por el blog español, LITERATURA 5.0
·
2021 (junio) De bajada, cuento publicado por REVISTA
CASA BUKOWSKI (Chile)
·
2021 (junio) Teté y la Flor de la canela, relato
publicado por SALA DE PRENSA. INTERÉS PÚBLICO (México)
·
2021 (junio) Los ojos de Sofía entre la máscara,
cuento publicado por el blog español, LITERATURA 5.0
·
2021 (agosto)
Semblanzas. Nosotros, los del teatro. Libro
publicado por 3600
·
2021 (agosto) La ciudad y sus ruinas, cuento
publicado por Inmediaciones.org
·
2021 LIBRO DE
RELATOS: NOSOTROS LOS DEL TEATRO.
Imprenta 3600.
·
2021
(septiembre) Clara frente a su destino,
cuento publicado por CASA BUKOWSKI
·
2021
(septiembre) Rose Marie Canedo, la
persona, la artista. Texto publicado por Inmediaciones.org
·
2021 (octubre) El viaje hacia la noche, cuento.
Publicado en la revista Pueblo de Leyenda, Trinidad, Beni.
·
2021 (noviembre)
Encuentro en el aeropuerto, cuento.
Publicado en la revista Guardiana.com.bo, Cochabamba, Bolivia.
·
2021 (noviembre)
Metamorfosis transitorias, cuento.
Publicado por Inmediaciones.org
·
2021 (diciembre)
El agitado corazón viajando hacia el
día, relato. Publicado por Inmediaciones.org
·
2022 (enero) Un café al atardecer, cuento. Publicado
por Inmediaciones.org
·
2022 (enero) Los ojos de Sofía entre la máscara.
Publicado por REVISTA ENGARCE.COM (México)
·
2022 (mayo) LIBRO:
EL FISGÓN DEL PATIO DE COMIDAS y otros
cuentos. Grupo Impresor, SRL.
·
2022 (mayo) Los amigos, el amigo. Algo sobre Jorge
Zabala. Sugieroleer.blogspot.com
·
2022 (junio)
El perro, microrrelato, publicado en
NÉMESIS 203, Perú.
·
2022 (julio)
Charla de café, relato, publicado en
Boliviaenméxicowordpress.com
·
2022
(agosto) El fisgón del patio de comidas,
Amar en cuarentena, De
bajada, El visitador de museos,
cuatro cuentos publicados en EDGARPROMOCIONES.BLOGSPOT.COM, de Venezuela.
·
2022 (agosto) Conversación al atardecer, cuento,
publicado en Revista Literaria Gafe, de España.
·
2022 (agosto) Charla de café, relato, publicado en
Revista 88 grados, Bolivia.
·
2022 (septiembre)
Presentación de mi libro, El fisgón del
patio de comidas, durante
el Encuentro Internacional por la Paz Mundial, de escritores y poetas
latinoamericanos de la Red Némesis, realizado en Lima, Perú.
·
2022 (septiembre) Andando, relato, publicado en Revista
88º (grados), La Paz, Bolivia.
·
2022 (septiembre) Los ojos ciegos de la noche,
microrrelato, en libro Pinceladas poéticas, de Red Némesis, Perú.
·
2022 (septiembre) Disparos en la calle, microrrelato, en
libro Versos en fuego desnudo, de Red
Némesis, Perú.
·
2022 (octubre) Aunque uno no lo quiera, publicado por
Inmediaciones.org
·
2022 (noviembre) El fisgón del patio de comidas. Revista
MIMEÓGRAFO, de Artes Literarias.
·
2022 (noviembre) No todos los bares quitan la tristeza, publicado
por Edgarpromociones.blogspot.com (Venezuela)
·
En preparación: Así pasan los días (Crónicas, relatos y comentarios en Facebook).
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