Presentación del poemario "De la órbita final" de Eduardo Kunstek Montaño, a cargo del poeta José Antonio Terán Cabero

 


Presentación del poemario “De la órbita final” de Eduardo Kunstek Montaño

Por: José Antonio Terán Cabero    

(Agradecimientos al entrañable J. Antonio Terán C.)

                                  

EDUARDO KUNSTEK MONTAÑO

(José Antonio Terán C.)

 

“Desde el asombro signo de trasmano

ha venido a beber en esta mesa

cabe la noche equinoccial que empieza

a trotar su camino sobrehumano

 

con un milagro así   todo lo anciano

se libera de noche y aspereza

apacigua su miasma y se endereza

contra la eternidad de su gusano

 

cigarra con su bosque de infinito

casi sin orfandad casi un poquito

del insondable azul esa porfía

 

en su pausada voz la lejanía

es limo memorioso epifanía

que en cada tumba siembra un arbolito”

 

En el soneto que acabo de leer, la incesante memoria plasmo en lejana época la persona y la obra de Eduardo Kunstek. No creo que el tiempo, que otorga y despoja los dones del arte, haya difuminado esa imagen.

Dispersos y entregados a tareas de imperiosa inmediatez, fallecidas prematuramente las más esclarecidas figuras de la Segunda Gesta Bárbara, algunos poetas sobrevivientes sumados a otros creadores de ulterior generación, volvieron a alborotar el cotarro nacional bautizándose con el rotulo “De los Quince", numero cabalístico que, a veces, superaba esa cifra y se reunía, periódicamente, en distintos lugares del país.

Edwin Guzmán Ortiz nos ha, bella y nostálgicamente, recordado con palabras que no me resisto a citar, así fuera fragmentariamente:

Más que un círculo cerrado fue un espacio de convergencia y afinidades, incluso desde la diferencia que hace posible la complementariedad …Se trataba de una troupe combativa, exigente en su escritura …En ellos se expresaba una pasión sincera por el acontecer histórico del país. Persecución, cárceles y exilio fueron parte de su condición creativa. No se encumbro a un gurú que, paternalmente, batuta en mano, rigiera el talente poético del grupo. Cada cual escribía como sabia y quería, en ese vasto ciclorama de los fantasmas perennes: el amor, el trascendente cotidiano, mitologías personales, taumaturgias, insurrecciones verbales, misterios del pijcho y la chakana, sobre escrituras de samsara, engendros del asombro, la soledad y la muerte …

Borgesianos y vallejianos, pazianos y lezamianos, gongorianos y rimbaudinos saenzinos y cerrutianos y pírricos, herméticos y hermenéuticos, juglares, sibaritas y lividos libadores, terminaron forjando una comunidad hecha de palabras, proyectos, razones y sin razones”.

Uno de los quince es Eduardo Kunstek M. y aquellas reuniones de antaño se ilustraban con la figura del “poeta espigado, alto de estatura, barbado de rostro, conversador gentil “, como lo describe el mallcu orureño, hermano nuestro, Alberto Guerra Gutiérrez, que en la tumba duerme ya.

La escritura poética de Kunstek cupo hasta hoy en tres libros publicados “El recurso del fuego”, “Vindicación de la cigarra” y, “Cántaro y luna”. Ahora nos sorprende con el poemario “De la órbita final”, fragmentos seleccionados de siete conjuntos poéticos “Vestida de agua”, “Luces de otoño”, “Caminante sigiloso”Vuelta”, “Trazos de los Andes”, “Utopía” y “Madera elemental 

Alguien ha dicho que este poeta juega con las imágenes. No lo creo. Jugar es interesarse en cierta curiosidad que hasta puede ser divertida. Es también valerse de una habilidad acrobática para tejer filigranas y virutas gaseosas de mero espectáculo, es decir, retórica pura y simple. Hay, también, el juego muy astuto, al modo de una Cabrera Infante, que manipula las palabras y les da vuelta como si fueran guante. El yo poético de Kunstek está, por el contrario, convulsa y pasionalmente atrapado por una red infinita de imágenes que surgen de su contemplación y, sobre todo de su personal simbiosis con el mundo y la naturaleza. Signos exteriores procesados luego por una mente sesgadamente surrealista que mantiene, sin embargo, el hilo o los hilos de una coherencia reflexiva y cultural. Una imagen llama a la otra, una palabra se enlaza con otra palabra, el lenguaje ha roto los diques constrictores y de rato en rato cruza por el   relámpago de una tristeza, una herida, una ardiente cicatriz de lo que se ha perdido en el tiempo.  

Es preciso repetirlo. Todo autentico creador empieza a escribir con determinada concepción de la poesía y del lenguaje.  Sus ideas cambian en el curso de la vida, de sus lecturas y de los acontecimientos familiares y sociales. Pero su batalla crucial consiste en la imperiosa necesidad de un lenguaje propio y su actividad creadora no cesa nunca, aunque los libros se hayan escondido de la publicidad editorial.

En este libro se cumple el apotegma según el cual escribir es embarcarse hacia una meta ignorada y lograr –debido a esa oscura e inescrutable alquimia del proceso creador –la fusión del mundo externo y de aquel que subterráneamente nos habita. El texto es un tapiz viviente, al mismo tiempo un coro de voces, imágenes vertiginosas surcadas, como dije, aquí y allá, por vivencias existenciales. Al cabo, no obstante, la hechizada contemplación de la naturaleza, que deriva, con frecuencia, en un erotismo casi físico –sobre todo cuando el yo poético dota con atributos femeninos a los elementos naturales –las palabras, las frases, apenas pronunciadas parecen disiparse en un temblor se diría dionisiaco.

En un texto polisémico como este caben otras lecturas, incluida la que el propio autor piensa de su obra, una geología poética que concibe las palabras y las imágenes como geodas cristalizadas en la roca de la escritura después de haber sido disueltas por el agua del tiempo El tiempo ese rio que dicen durando se destruye.

Es notable la mimesis del yo poético con los paisajes y su transfiguración en memoria existencial. La mimesis profunda, que no la mera imitación, mimesis barroca y múltiple sobre todo en este caso en el trópico, entrañable y reflexiva en los ámbitos andinos.

Por lo demás, es imposible ignorar que el lenguaje poético – y con mayor evidencia en este caso –se alimenta de la ambigüedad y la polisemia. “Toda palabra es o puede ser ubicua, pero al desplazarse, cambia o puede cambiar de sentido. Una palabra es ella y lo que la rodea. Sobre su acepción corriente se superponen matices que modifican esa acepción y aun llegan a contradecirla De suerte que el verdadero sentido de una palabra es siempre virtual, no está fijado tan solo por el diccionario sino sobre todo por el uso. En literatura el uso es el texto que, a su vez, crea su propio contexto” (Guillermo Sucre).

Si no estuviera a la vista las profundas raíces telúricas de estos poemas, raíces de las cuales brotan manantiales de múltiples imágenes, hasta seria tentador relacionar su lenguaje con las creaciones lezamianas que aspiran a una realidad paralela, a un logos de la imaginación. Pero, evitemos las sobre interpretaciones post modernistas o deconstruccionistas.

Hay quienes sostienen, por otra parte, cada vez con mayor predicamento, que los poemas dignos de tal nombre si bien inteligibles son en cambio inexplicables. Llevado al extremo este aserto tomaría superfluos mayores comentarios. Pero también es innegable que todo libro publicado entabla, tarde o temprano, un dialogo con otras creaciones y que cada lector inteligente acrecentera sus sentidos, para mayor gloria del arte. El arte, el arte verdadero no la basura reciclada es lo único decente y enaltecedor que le queda a nuestra época oscura, incierta, mesocrática, politiquera, huérfana de valores humanísticos.

José Antonio Terán Cabero, Cochabamba, 18 de noviembre de 2018

**************************************

Los textos son publicados con la autorización de los autores
Fotografía: Perfil de Facebook del Sr. Eduardo Kunstek Montaño (+)


No hay comentarios:

Publicar un comentario